Cuando era pequeña solía despertarme en torno a las cinco de la mañana, y recuerdo ver la luz encendida por debajo de la puerta, escuchar unos pasos y ya no ser capaz de volver a dormir. Siempre me enfadaba porque sabía que tardaría en quedarme dormida y me ponía a pensar, a recordar. Entonces los días eran mucho más largos y los años..., los años eran eternos y parecían mucho más numerosos de lo que ahora son. Y siempre me ha intrigado esa perspectiva del tiempo, cómo va cambiando según crecemos. Hace dos días podrían ser perfectamente cinco años atrás; hace 15 años, dos semanas eran una eternidad.
Otra intriga parecida es que, cuando llega una estación, trae consigo una serie de sensaciones que ya creía perdidas y olvidadas, las cuales juro no volver a dejar en un cajón perdido de la memoria. Cada año fallo, cada año vuelvo a experimentarlas y no es sólo como volver atrás en el tiempo, sino que tengo que volver a aprender cómo son, cómo se sienten las cosas. Y yo que un día me juré que no olvidaría nada, que tendría una memoria prodigiosa y no perdería detalle, siempre juzgando cómo podía la gente no recordar momentos que yo entendía inolvidables. Pero sí, es imposible vivir sin olvidar ciertas cosas.
Contigo todo era como tirar una moneda al aire. Nunca sabías qué cara iba a salir. Lo mismo te encontraba vagando una mañana temprano, siempre ajeno a la rutina, llegando a casa a dormir, o sentado en cualquier banco, madrugador y de buen humor, esperando quién sabe a qué. Azar puro, improvisación momentánea.
Tu orden y mi desorden, tu desorden y mi desorden. No, nunca habríamos terminado de encajar. Éramos dos mundos girando en direcciones contrarias y aunque nos atraíamos, siempre saltaba la chispa y nos expandíamos hacía extremos contrarios. Durante un tiempo estuvo bien, y luego ya no fue nada fácil mantener el equilibrio.
Estos días en los que la luz es más clara y profunda, que igual sopla un poco el aire que canta un pájaro en lo alto de una ventana, sigo echándote de menos. No sé medir las distancias, pues como ya he dicho, hace mucho que la memoria empezó a fallarme, y hoy era ayer, y ayer era la semana pasada, y así hasta mi nacimiento y anterioridad. Sigue faltándome un aire, esa magia divertida que sólo tú haces, y entonces me vengo abajo, y te busco en lugares erróneos aunque sepa dónde encontrarte.
Quería no equivocarme pero sabía que acabaría arrepintiéndome de una u otra opción. Siempre fui libre para elegir pero, una vez más, se me olvidó que las circunstancias son más importantes que mis planes. Yo no habría dicho "adiós", ni si quiera "hasta pronto". Siempre estaría al otro lado de la cuerda, esperando y esperando que no te alejaras, y rodar hacia ti, que tú rodaras hasta mí. Y no, no era un simple juego, era mucho más que todo lo que yo pensaba. Mucho más.
Ahora vuelvo a despertarme sobre las 5 de la mañana, sólo que ya no consigo dormirme de nuevo. Vuelvo a pensar en todo lo pasado y sonrío, pero me sigue haciendo daño. Sigo buscando una respuesta a una pregunta que no sé ni si quiera cómo plantear. Sigo creyendo que tengo la solución en algún rincón maldito de mi desastrosa memoria, y por otra parte, intuyo que simplemente pasó porque tenía que pasar. Y si pudiera deshacer el camino, no habría escogido una cosa u otra. Quizá no te hubiera conocido. Quizá nunca hubiera cerrado los ojos para no encontrarme contigo al abrirlos.
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