Sin embargo, elegí ser absurda. Elegí o simplemente soy, desde siempre, desde el útero. No puedo contenerme ni disimular. No puedo fingir estar bien o sonreír cuando es conveniente. Da igual si el sol es maravilloso, si necesito llorar, lo haré. Y no importa si el día es una masa gris horrible, si he sonreído de verdad y aún lo hago al recordarlo, ese buen día durará otros tantos. No sé por qué tengo tendencia al Oeste, por qué prefiero vivir de noche y dormir de día. Nunca controlaré este insomnio que lleva años manejándome semana tras semana, o ese sueño maldito que nunca me abandona.
No suelo acabar lo que empiezo. No soy puntual, ni detallista, ni observadora. Soy lenta de pensamiento y corta de ideas. Tampoco soy risueña ni trabajadora. Al principio de la mañana sólo deseo que llegue el final del día. A penas tengo memoria y la poca que conservo sólo alberga tonterías. Soy de lágrima fácil e inestable emocionalmente. Caminar en línea recta ha sido imposible desde siempre. Da igual cuántas veces lo intente, siempre fracaso. No me alegra haberlo intentado, no me sirve de nada pensar que al fin y al cabo no lo he conseguido.
Sigo haciéndome ilusiones como una niña, aunque sepa de antemano que el final será catastrófico. Y no puedo perder la esperanza, por mucho que el agua llegue al techo. Siempre que deseo cerrar los ojos, necesito olvidarme de todo, y no consigo nada más que enredarme en mí misma hasta que caigo rendida. Las veces que río, al final me da pena que las cosas me sepan tan a poco. Cuando encuentro a alguien en el camino que realmente merece la pena, lo más probable es que de alguna manera pierda a esa persona. Cuando se trata de una simple fachada, poco a poco va cayendo del pedestal maldito en que lo sitúo. Así que cuando me enamoro de una mirada, lo más probable es que me envuelva la locura y nunca consiga nada.
Nunca he sabido escribir en línea recta, colorear los huecos, controlar el lápiz o el boli sin que mi estado de ánimo se reflejara en la mina o en la tinta. Tantos intentos de ello han visto inundaciones, tornados de gruesos trazos y colores varios, aires violentos, arranques de unas y otras partes. Igual que abuso del colorete al estilo pepón, del pintalabios en tonos putón, del rímel hasta el extremo. Al final soy un cuadro abstracto, imposible, horroroso. Incapaz de decidir, de atreverme, de encontrar eso que llaman "fuerza", me arranco la ropa, me enjuago la cara y busco la comodidad en la puerta de casa. A veces dar un paso es un mundo entero.
Y cuando resulta que no tienes el valor para dar el paso y te arrepientes, nadie se da cuenta. En cambio, si hubieras dado el paso y te hubieras equivocado, habrías sido una egoísta y una mala persona.
De alguna manera, sigo eligiendo este método de tortura que aniquila poco a poco, día a día, pero es que no sé vivir de otra manera. Otro destino es imposible, otra forma de ver y entender las cosas. Aunque ojalá, cada día lo pienso, ojalá... Algún día. Pero tengo que aferrarme a la realidad.
Mi gran duda sigue siendo cómo, el qué, qué podría alguien como yo ofrecerle a alguien como tú. Alguien tan distinto que ni por fuerzas magnéticas, ni por presiones magnánimas podrían unirse. Y sigue habiendo esa maldita atracción por ti que no puedo repeler, por mucho que pase el tiempo, vuelvo a caer.
"Every day I keep pushing,
keep trying to move forward,
but something is driving me, oh, back!
And something's trying to hold on to me,
to my way of life!
Why?
Oh, please, please!
Oh! Don't you go and forget me down here!
Don't forget me, Lord!"
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