lunes, 7 de mayo de 2012

Maníaco-imposible


No puedo levantarme con otro pie que no sea el derecho y decir en voz alta: Hoy será un buen día (aunque luego sea una puta mierda). Soy de ésas que nada más levantarse tiene que salir corriendo a la ducha. No puedo vivir sin un café antes de cualquier otro líquido o sólido, aunque cinco minutos después siga igual de zombie. No puedo ir con el pelo sin lavar más de dos días, aunque lo tenga limpio, tiene que pasar por el lavado, secado, planchado, replanchado y quizá listo. Cuando me visto no salgo aunque tarde mil años hasta que no me siento a gusto con lo que llevo. Y por supuesto, no puedo salir sin ir al baño unas mil veces, a mirarme, a lavarme las manos 50 veces, a tocarme el pelo…
No puedo vivir sin cambiarme dos veces como mínimo de bragas al día. Si me quitaran la Coca-cola podría morirme de la depresión. Jamás podré negarme un antojo porque ninguna otra comida me saciará hasta que no coma lo que me apetece. No puedo evitar las ganas de vomitar ante ciertos olores, ciertos tipos de chocolate o fresa (lo cual no quiere decir que no me encanten). Odio el chocolate blanco, las cosas empalagosas, el caramelo líquido (salvo que sea con un flan), el cordero, la sopa o los garbanzos con tres litros de grasa y tocino por centímetro cúbico. No puedo con la cerveza, no me gusta para nada. La leche me da arcadas. El wishkey me sabe a queso. El ron ya es sólo tolerable con piruletas. No podría vivir sin comer pasta, jamón, ensaladas, melón, sandía, cerezas, fresas y mangos.
No puedo salir de casa sin 400 paquetes de pañuelos. Necesito tener constantemente chicles en la boca. No soporto el aliento de la gente, no quiero que nadie soporte el mío. No soporto quedarme sin batería en el mp3 porque no me aguanto tanto tiempo pensando si voy sola por la calle o de viaje. Odio esperar aunque soy la tardanza en persona. Tengo una especie de conexión cronológica para perder los autobuses a la misma hora siempre. Me encanta comprar cosas aunque luego sienta vacío, no porque no me llenen sino por pena de gastar el dinero o por querer más y más. Odio salir sin dinero a la calle, realmente no haces nada sin él y te puede poner en algún compromiso.
No me entra en la cabeza que si pisas a alguien no pidas perdón o no te contesten. No soy miss simpatía ni miss diversión pero no puedo con la gente que no saluda en un lugar cerrado, que no te cedan el paso o cuando en un bar o fiesta la gente esté como en un velatorio. Odio la gente que te mira inquisitivamente a los ojos cuando le estás hablando. Odio a la gente que te corta cuando estás diciendo algo porque lo suyo es, sin duda, mucho más “interesante”. Aborrezco a esa gente que siente que todos lo/a miran, a la gente que cree que todos los seres humanos se enamoran a su paso, que se ponen cualidades que yo no veo por ningún lado. Igualmente no trago a los que no paran de hablar de sí mismos (como yo ahora, cosa que me hace sentir hipócrita, egocéntrica y me cansa), que todo lo que hacen los demás ellos ya lo han hecho antes y mucho mejor. Esa gente que dice “yo no me fijo en…” y te cuentan con pelos y señales la vida de los primeros homínidos.
No soporto los celos y las posesiones. No entiendo la envidia entre amigos. No me entra en la cabeza que alguien pueda llegar a tirarse de los pelos por un tío. Soy incapaz de asimilar que la gente cambie de la noche a la mañana sin aparente explicación. Odio a los que van de sabelotodo, que te cortan la conversación o el buen rollo sin venir a cuento. Odio enfadarme con gente que realmente me importa porque me hacen sentir como una puta mierda, porque hacen algo que no me gusta y que a los cinco segundos se me pase el enfado. Odio que nadie vea que yo también quiero y necesito, que nadie toque esa cabeza que sin duda necesita que la miren a los ojos y traten de entenderla.
Claro que odio muchas cosas, y esas cosas que odio son precisamente las que hacen que sepa qué es lo que no quiero, aunque a estas alturas de la vida no sepa todavía qué quiero hacer con mi futuro. No me entra en la cabeza que con 17-25 años o los que sea uno ya pueda o decida qué va a hacer con el resto de su vida, por eso aún no estoy cómoda, ni con la edad, ni con el sitio, ni las circunstancias. Y sé que hay que andar para poder tener experiencia, pero no sé cómo ponerme en marcha para no quedarme mucho tiempo más atrás. También odio que me hablen de independencia, de juventud, de disfrutar y tanto blablablá cuando en realidad esto es una puta fábrica tipo criar bichos para mandarlos luego al matadero. Y yo no quiero que planifiquen mi vida los demás, por muy perdida y flipada que esté. 

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