Tengo un agujero en el estómago como hace tiempo que no tenía, y lo siento como hace siglos que no me pasaba. Un vacío del que desconozco los límites, demasiadas cosas en muy poco tiempo, y digamos que puedo calcular más o menos cuánto durará esta fase, por si llega una segunda, por eso no le pongo un final.
Tengo ganas de cerrar los ojos y recordar todo, todo, todo, como fue en realidad; volver atrás, no decir ni una palabra y que cuando lo esté mirando con la cara de gilipollas mirando las estrellitas, rebobinar la cinta y grabar encima.
Quiero enterrarme en la cama aunque sea por un día y creerme de verdad que es la solución. Que cuando salga todo esté ya bastante lejos de mí, o perder la consciencia durante todo este tiempo y que cuando despierte todo haya pasado, como si actuara mecánicamente.
No tengo ganas de dar ni un paso adelante, no me apetece. No quiero jugar a este juego asqueroso de reglas cada vez más imbéciles. Ya me he cansado de tener que ajustarme a prototipos, catálogos y márgenes. No he venido a este mundo en este tiempo para que me cuenten mentiras sobre el amor y la libertad y que a la hora de la verdad me den con un palo en la frente. Prefiero la crudeza de las cosas, aunque me deshidrate llorando.
No quiero más tonterías de "¡Puedes lograr todo lo que te propongas! ¡Puedes hacer lo que quieras con tu vida!", cuando no son más que mentiras de un mundo cada vez más limitado, ajustado, competitivo, rápido y embustero. Por mí que le prendan fuego.
Quiero salirme de ese círculo vicioso, que no me ahoguen, que no me presionen, que no me opriman e intenten comprarme con cuentos chinos de mundos y fantasías de color rosita. Prefiero caerme y tocar fondo, y levantarme de la manera que sea y cuándo tenga que ser, aunque me vuelva a dar con la cara en el suelo. No quiero palabras sobadas, manipuladas y baboseadas por todos los desgraciados que venden ideales. No, a mí me la sopla este tipo de sistemas de mierda.
No hay comentarios:
Publicar un comentario