Después de ver cómo el mundo gira y rota, y rota, y sigue rotagirando sin que nada especial suceda, llega la resignación. El querer dejarse llevar a donde la ola pueda llegar, pero parece que no te aleja mucho de la orilla. Qué se le va a hacer. Pero cuando cierro los ojos y lo pienso un segundo, hay un par de cosas, sólo un par y una más, que realmente me gustaría hacer ahora mismo.
La primera, sin más, sería fundirme con el agua y bucear sin límite. Sin límite quiere decir sin asfixiarme, hasta donde mi poca capacidad pulmonar lo permita. Y me apetece una piscina fría, al amanecer o al caer el sol. O un mar de estos bonitos de color turquesa, de éstos tan claros que parece que la profundidad está al alcance de tus manos.
La segunda, aunque me gustaría hacerlo antes que nadar, sería saltar de un helicóptero, lógicamente, con alguien llevando el paracaídas. El único inconveniente que le encuentro es no volver a experimentar algo parecido, necesitar cada vez más y que nunca sea suficiente. Pero debe de ser realmente maravilloso, estar ahí, cayendo rápida pero lentamente en medio del cielo, rozando el momento en el que todo puede salir bien o muy mal. Verte tan sumamente pequeño en lo ancho del paisaje, del mundo que hay debajo.
Y la tercera, la única que no realizaría en estos momentos, pero que sería la más sincera, la primera de las opciones, eres tú. Con "tú" me refiero a todo. Pienso que de ser así, tendría el mundo entre mis manos. Podría nadar sin límites. Podría rozar la locura y disfrutarla un poco, muy de verdad. Tendría el sol a mi lado. Sabría lo que es ser libre. Sabría lo que es estar viva.
Eso. Lo único que quiero es sentir que todavía puedo resucitar, volver a vivir algún día.
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